En Argentina la cantidad de vacaciones son según la antigüedad y el convenio el cual rige

para el trabajador, arrancan con un mínimo de 14 días corridos hasta los 5 años, luego 21

días hasta los 10 años y pasando estos 35 días. Durante décadas se ha optado tomarse

todo en un mes. No obstante, esta tendencia se ha roto. ¿Los motivos? La globalización,

que ha hecho que muchas empresas abran todo el año para mantener la competitividad, o los altos precios durante la temporada alta.

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Esta ruptura de hábitos beneficia, de rebote, tanto a las empresas como a los trabajadores.

Desde recursos humanos se ha observado que las personas son más productivas

cuando tienen varios intervalos de descanso a lo largo del año y que a las personas

que han tomado todas las vacaciones en un mes seguido les cuesta más reincorporarse.

Un 10 % de la población es adicto al trabajo

Pero esos intervalos, ¿son suficientes para desconectar del trabajo? Varias encuestas

mantienen que la mayoría de trabajadores tardan una semana en olvidarse del trabajo.

Un estudio del portal de trabajo Randstad va más lejos y asegura que un 28 % de los

trabajadores reconoce que no es capaz de desconectar del trabajo durante las

vacaciones. Es un porcentaje que se sitúa por encima de la media, que es del 25 %.

Estas últimas son habitualmente personas adictas al trabajo, las que se conocen

como workaholic. Tienen una disonancia cognitiva, es decir, en su cabeza tienen dos

pensamientos consistentes pero contradictorios: por un lado se estresan porque no están

trabajando y, por otro, saben que tendrían que descansar. Suelen ser personas que no son capaces de sustituir las tareas profesionales por otras que no tengan nada que ver. El

trabajo los mantiene activos y cuando tienen que tomarse vacaciones es casi como si

perdieran su identidad y se sienten muy incómodos.

Un 10 % de la población es adicto al trabajo. Su perfil suele ser el de un hombre de 35-55

años con nivel cultural medio o medio-alto. En mujeres y jóvenes las ratios son más

bajas. Hay una correlación entre el nivel educativo que tienen y la dificultad para

desconectar; también se relaciona con la importancia o grado de responsabilidad del

cargo. El entorno sociocultural, la inculcación de determinados valores (esfuerzo,

compromiso, responsabilidad…) y la tecnología acentúan la incapacidad de desconectar.

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Pautas para desconectar del trabajo

El concepto «desconectar» irá desapareciendo como contraposición al del trabajo.

Cada vez más empresas apuestan por la felicidad y el bienestar de sus trabajadores y las

generaciones que llegan exigen entornos laborales donde desarrollarse profesional pero

también personalmente. La línea, pues, entre la vida profesional y personal se desdibuja

del mismo modo que en muchos casos dejan de tener sentido los horarios. Se cree que la

verdadera capacidad de desconectar es entre tarea y tarea o entre momento y

momento, más que entre grandes periodos.

Sea cual sea el término que se utilice o la combinación de vacaciones escogidas, hay una

serie de pautas que ayudan a olvidarse del trabajo durante los días de descanso:

Antes de marchar de vacaciones:

 Dejar todos los temas cerrados.

 Mantener una reunión de equipo para coordinarse para que el trabajo salga adelante.

 Delegar (y confiar), con instrucciones precisas, las tareas que no pueden dejar de

hacerse.

Durante las vacaciones:

 Planificar actividades, preferiblemente en grupo.

 Hacer deporte a diario para que la mente está concentrada en el ejercicio y el propio

cuerpo.

 Desconectar los dispositivos del trabajo cuando se hagan actividades, especialmente

si es con otras personas.

 Evitar las redes sociales profesionales.

 No abrir el correo electrónico. Hay que poner un mensaje automático que informe de

que se está de vacaciones, con indicación del día de reincorporación y la persona con

quien contactar mientras tanto en caso de cuestiones urgentes.